¿Hay algo más
importante que aquello que resguardan, en su declaración, los Derechos
Humanos? Lo dudo, y de lo que escribo hoy es de una violencia que a las
mujeres les impide el pleno goce de ellos.
Compartimos la columna que escribió el matrón Gonzalo Leiva en El Mostrador :
Probablemente una de las violencias de
género más invisibilizada sea la violencia obstétrica, tras buenos
resultados epidemiológicos e indicadores materno perinatales de país
desarrollado, esta violencia casi no es tema en los libros de
obstetricia, la disciplina de la medicina que forma a matronas y médicos
en la asistencia de los partos en nuestro país. Tirón de orejas para
quienes trabajamos en torno al nacimiento, pues otros países –como
Argentina y Venezuela– ya han legislado al respecto incluso, ¿y
nosotros?, poco y nada.
Así como en la educación la luz de
alarma la encendieron aquellos que estaban siendo víctimas de un sistema
poco amigable, los estudiantes, en este tema han sido las propias
usuarias, mujeres gestantes, las que han denunciando desde distintas
partes del mundo la violencia de la cual están siendo víctimas en las
instituciones de salud en que se asisten partos. Esto ha motivado
discusiones ciudadanas, académicas, políticas e incluso legales.
James Prescott, el neuropsicólogo, señalaba que “la más grande amenaza para la paz del mundo proviene de aquellas naciones que tienen los ambientes más pobres para sus niños y que son las más represivas en cuanto al afecto sexual y a la sexualidad femenina”. La violencia sexual es violencia contra lo femenino; y la violencia obstétrica, la aplicación de esta violencia al proceso de la gestación y el nacimiento, procesos plenamente sexuales.
¿Pero sabe usted a qué nos referimos
cuando hablamos de la violencia obstétrica? Pues bien, en términos
legales se entiende por violencia obstétrica, y cito textual la ley de
Venezuela, a: “La apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las
mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico
deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los
procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de
decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando
negativamente en la calidad de vida de las mujeres”. Venezuela, en todo
caso, esta lejos de ser el país con menos intervencionismo y, al igual
que en Argentina, las denuncias por violencia obstétrica se suceden
constantemente.
¿Cómo andamos en Chile respecto del abuso de la medicalización en el parto? Tome asiento: investigadoras de la U. de Chile,
en un periodo de los años 2010-2011, estudiaron a un grupo de 508
mujeres que tuvieron sus partos en dos servicios de salud del sistema
público chileno. Los resultados son tan preocupantes como nuestra actual
tasa de cesáreas, ya que un 92,7% de los partos fue intervenido
médicamente (oxitocina, peridural y rotura artificial de membranas),
lejos de lo propuesto en 2007 por el “Manual de Atención Personalizada
del Proceso Reproductivo” del Chile Crece Contigo, que promueve una
atención respetada y personalizada de la gestación y el nacimiento. No
quiero decir, en ningún caso, que ese 92% fue víctima de violencia
obstétrica, no tengo argumentos para señalarlo, pero sí puedo plantear
mi preocupación ante la medicalización excesiva de un proceso
completamente fisiológico. Algo no anda bien en el país con la segunda
menor tasa de mortalidad materna en todo el continente americano (sólo
nos gana Canadá), pero aún no lo vemos. Sin embargo, si usted busca
grupos de mujeres que hablen de violencia obstétrica en nuestro país,
encontrará más de un grupo en Facebook que aborda el tema, y dentro de
él decenas de relatos denunciando el trato vivido. De a poco más
mujeres, luego de sus vivencias, se deciden a escribir cartas a los
directores de los hospitales y jefes de las maternidades pidiendo un
cambio en la forma cómo se atiende un momento de carga emocional única
en la vida de la futura madre, y del padre.
En Chile hay hospitales en que el
porcentaje de mujeres que recibe la epidural no sobrepasa el 20%, pese a
ser una garantía GES, y no porque no exista un anestesista disponible,
sino porque la mujer ha optado por métodos no farmacológicos para el
manejo del dolor. ¿Cuántos hospitales pueden jactarse de ofrecer
alternativas no médicas para manejar el dolor con tal nivel de
adherencia y buenos resultados? ¿En cuántos lugares estamos
efectivamente trabajando por favorecer una experiencia de parto
efectivamente personalizada y centrada en las necesidades de cada mujer?
Las cesáreas innecesarias (o #INNEcesáreas),
según las legislaciones americanas que han revisado el tema,
constituyen una forma de violencia obstétrica. En Chile uno de cada dos
niños nace a través de una cesárea, contradiciendo toda lógica, sentido
común, e incluso el deseo materno, puesto que 3 de cada 4 mujeres
prefiere el parto vaginal por sobre la cesárea. ¿Represión del deseo
materno, estado de sumisión inconsciente?, se ha escrito tanto sobre
esto desde hace tantas décadas y avanzamos tan lento. Sin embargo, es
esperanzador ver a mujeres marchando hace unos días y denunciando
públicamente la “violencia obstétrica”, y ver que en paralelo el tema ya
es discutido en seminarios e instancias universitarias, el año pasado
en la U. de Santiago y este año en la U. de Valparaíso, y U. Diego Portales (en actividad organizada en conjunto con la U. de Santiago).
James Prescott, el neuropsicólogo,
señalaba que “la más grande amenaza para la paz del mundo proviene de
aquellas naciones que tienen los ambientes más pobres para sus niños y
que son las más represivas en cuanto al afecto sexual y a la sexualidad
femenina”. La violencia sexual es violencia contra lo femenino; y la
violencia obstétrica, la aplicación de esta violencia al proceso de la
gestación y el nacimiento, procesos plenamente sexuales.
La violencia Obstétrica deja huellas en
las mujeres que han parido, en sus hijos, y también hay evidencia que
señala que afecta a los profesionales que son testigos a diario de cómo
sus colegas tratan a las mujeres gestantes. Esta violencia existe, y es
una forma más de las tantas que le conocemos a la violencia de género.
Link original: violencia obstetrica una violencia de genero invisibilizada
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