lunes, 30 de diciembre de 2013

Nacimiento de Lizzie


Por Pamela Figueroa

24 de julio. Ese era el día que yo había escogido. La fecha que yo quería… el problema es que hasta el momento no había sentido contracciones y la matrona en la mañana me había dicho que me relajara, que la guagua podía llegar hasta en dos semanas más… que si tenía lista la maleta,incluyendo cositas para amenizar un trabajo de parto largo, como aromaterapia, chocolates, música, etc.
Nos miramos con mi marido y respondimos con un "si" titubeante. Teníamos listo "lo necesario", peronada de lo extra. Saliendo de la clínica nos fuimos a comprar esas cositas. Elegimos juntos un olor a pomelo para la aromaterapia, luego seguimos con chocolates, aceite para masajes y frutos secos.Cuando estaba pagando en la caja, sentí mis dos primeras contracciones. ¡Estaba tan feliz!


Llegué a la casa y armé la maleta. La rearmé. Puse 3 mudas para mi marido adentro y las cosas quehabíamos comprado recién. Dejé todo listo y me fui a una reunión, la reunión menos importante y máspostergable del mundo. Supongo que quería mantenerme en movimiento, a ver si lograba sentir máscontracciones luego.
Decidí no ir en auto "no vaya a ser que tenga contracciones fuertes manejando y choque", pensé. Enel taxi, luego de un lomo de toro un poco brusco le dije al taxista "vaya más suave, que estoy entrabajo de parto"… ¿profecía autocumplida? Tal vez… El pobre taxista me miró por el espejoretrovisor con cara de horror. "No se preocupe, no va a nacer todavía", lo tranquilicé.
Llegué a la reunión y la sra. me preguntó cuántos meses tenía, "Nueve", le respondí -"Uy, esaguagüita podría nacer en cualquier minuto!". "Si -le dije- de hecho acabo de tener una contracción".
Luego tuve otra y otra y otra… hasta que me interrumpió y dijo "esas contracciones son cada menosde 5 minutos, ¡creo que ud. debería irse!
Y partí, poh… caminé como cuatro cuadras buscando un taxi. Lo tomé exactamente frente a la casade mi hermano. Dudé bastante si pedirle que me llevara de vuelta, pero no quería que supiera queestaba con contracciones por si era falsa alarma (en realidad, porque no quería que alertara a mimamá).
Llegando a la casa le pedí a mi marido que fuera marcando las contracciones en una aplicación yque me avisara cuando llevara una hora con contracciones cada 5 minutos. Estábamos contentos ygritábamos de alegría con cada una… hasta que empezaron a ser más dolorosas y no me hizo tantagracia que él las celebrara.

Me fui al dormitorio a recostar en la cama, agarré a mi gato como a un cojín y lo abracé bien fuerte.El pobre se quedó quietecito. Las contracciones comenzaron a ser cada vez más fuertes hasta querompí la bolsa. En ese minuto me asusté porque me di cuenta que no era juego, que la guagua veníaesa misma noche.
Pasaron como 2 horas y quedamos de acuerdo con la matrona de encontrarnos en el
estacionamiento de la clínica. Cuando llegamos estaba ahí. Me acompañó en el ascensor mientrasmi esposo estacionaba el auto. Me examinó y dijo que tenía 4 cm. de dilatación, ¡apenas!. Fue unadecepción pues ya estaba con harto dolor. Pensé que me mandarían de vuelta a la casa, pero no…ahí me quedé. Me llevaron a la sala SAIP y ella puso música suave, fue perfecta. No alcanzamos aponer la que llevábamos nosotros, mi esposo estaba muy ocupado, primero haciendo el ingreso yluego sobando mi espalda.

La habitación estaba en penumbra, la música era suave, las contracciones fuertes. No recuerdo anadie más en la pieza además de mi esposo y Pascale, la matrona. En algún momento hubo unaenfermera, pero la verdad es que no sé si estuvo todo el tiempo o sólo un rato.Pascale me recomendó tomar una ducha. Cuando llegué al baño tuve una contracción muy fuerte y sentí algo raro adentro. Asustada le grité "Ayúdame, ayúdame, la guagua viene". En ese momentosentí que debía acudir a ella, cuando todo el resto del tiempo al que quería cerca era a mi marido.
Me llevó de vuelta a la camilla y creo que fue ahí cuando me volvió a examinar… 7 cms.
Nuevamente decepción, ¡yo pensaba que ya estaba con 10! Tuve un par de contracciones muyfuertes, más y comencé a sentir los pujos. Cuando recién los sentí me asusté, luego pensé que nohabía otra opción y que era mejor entregarme. La verdad es que la fase expulsiva me dolió menosque las últimas contracciones. Si no hubiera sido porque me desgarré, creo que ni habría dolido.Con 4 o 5 pujos la guagua estaba afuera. Habían pasado apenas 2 horas desde que llegamos a laclínica. ¡Era tan linda! venía tan limpiecita y era ¡mía! No lo podía creer. Me dejaron todo el tiempocon ella. El doctor le pidió a mi esposo que cortara el cordón cuando la placenta dejó de latir. No lalimpiaron con vaselina, tal como pedí. Tan sólo me la quitaron para medirla, pesarla y vestirla, unos 5o 10 minutos. En ese momento mi esposo aprovechó de tomarla. Yo estaba tan feliz que le tomabafotos con el celular. Después de dos horas nos llevaron a la habitación. Me quedé con ella en brazostoda la noche (y los días siguientes). Nunca me instigaron a mandarla a la enfermería ni me retaron por tenerla en brazos cada vez que venían a controlarla.
Finalmente, Elisa nació el 25, pues nació después de las 12. Efectivamente comencé el trabajo de parto el día que yo quería, pero ella nació cuando quiso.

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