La noche anterior tuve un antojo (ahora podría llamarlo instinto) de comer avena con linaza- a pesar de que nunca sufrí estreñimiento durante el embarazo- sólo me dieron ganas de comer esa mezcla laxante mientras veíamos una película, supongo que mi cuerpo se empezaba a preparar. Me desperté como a las 3AM con dolores de “guata”, eso pensé al principio, era la misma sensación, pequeños retorcijones; durante toda la noche los sentí...y ya en la mañana sospechaba que podían estar empezando las contracciones.
Comí muy poco, más que nada tenía ganas de tomar líquidos, creo que también comí fruta...pero no tenía hambre. Y fui al baño como 3 veces. Ya en la tarde comenzaron a intensificarse las contracciones, necesitaba calor para aliviar un poco, me ponía guateros en la guata y en la zona lumbar, trataba de mantenerme caminando y en cada contracción respirar, como me habían contado. Con mi compañero teníamos pensado pasar las contracciones en una piscina pero no tuvimos tiempo de llenarla.Por lo que me metí a la tina con agua caliente, eso me aliviaba por un momento...ya cuando las contracciones estaban mucho más fuertes, el agua me servía para descansar del dolor, ya que a diferencia de lo que había leído, me retardaba las contracciones, por lo que no me ayudaba a dilatarme más rápido (creo que cada cuerpo es distinto).Pero me daba pequeños descansos.Lo que sí me ayudaba para acelerar el proceso era caminar, porque empezaba inmediatamente a tener una tras otra, por lo que alternaba entre caminar y meterme a la tina.Me sentía tranquila, sin miedo, aunque el dolor me impacientaba un poco, pensaba en las mujeres que habían tenido partos orgásmicos o en las mujeres que parían naturalmente desde miles de años, con la tranquilidad y la sabiduría de sus cuerpos.Pensaba también en las gatas que viven en la casa, cuando nacieron sus crías ellas sabían perfectamente qué hacer, sin que nadie les explicara nada, sin haberlo estudiado. Sólo su instinto. Aunque yo sí leí bastante del tema y mucha gente me contó sus experiencias, intentaba buscar ese instinto dentro de mí.También recordaba algunos ejercicios para lograr entregarme a la situación, sin ejercer resistencia con mi cuerpo o mente. Hasta ese momento estaba tranquila. Siempre la idea fue parir en la casa, teníamos un montón de cosas listas, pero igual no alcanzamos a tener un montón de otras cosas (como más toallas limpias, linterna para mirarme, aguja hilo para cocer). Habíamos invitado a mi hermana, mi mamá y la hermana de mi compa (que estaba preñada también) y para mi fueron las personas exactas que tenían que estar.Nunca quisimos invadir en personas el espacio, de hecho hasta habíamos pensado estar sólo los dos, pero también por un tema práctico y, obviamente sentimental, decidimos invitarlas a ellas.Cada una aportó en diferentes cosas y cada una fue un apoyo en todo el proceso...mientras mi compañero me daba fuerzas en la tina con las contracciones, mi mamá preparaba algo para comer, mi hermana anotaba las contracciones para medirlas y la Claudia, hermana de mi compa, se preocupaba del fuego para calentar agua.En uno de los momentos en que las contracciones ya estaban fuertes, yo perdía a ratos la noción de la realidad, tenía pequeñas alucinaciones.Luego, cuando ya había pasado el dolor, dormitaba hasta que me despertaba una contracción y mi mente me llevaba nuevamente a otro lugar.En esos momentos mi compa me llamaba a la realidad, me hacía preguntas como ¿dónde estamos? ¿Con quién estas? ¿Quéestá pasando? eso me hacía volver, y me mantenía más o menos lúcida.Un par de semanas antes,habíamos conocido a una matrona, que no tiene relación alguna con los partos en casa, sólo era una matrona jubilada que nos ofreció escuchar a la criatura (con esas “trompetas” antiguas) ya que yo me había echo una ecografía sólo al primer mes. Ella nos dijo que podía responder dudas por teléfono, pero que por ningún motivo quería estar en el parto, ya que no compartía la idea de nacer en casa, por seguridad tanto de ella como del bebe (los partos en casa planeados son ilegales y pueden meter en problemas a quien ayude).Recibimos sus consejos ese día por teléfono, pero cuando las contracciones se intensificaron yo quise que ella estuviera presente y ella generosamente fue de igual forma a la casa.Me hizo tacto, y me dijo que estaba en 6 centímetros.Ya llevaba más de 10 horas de contracciones, y me dijo que por lo menos me quedaban unas 3 horas más.Aún no se me rompía la bolsa.Me recomendó que no me metiera más a la tina porque la dilatación estaba muy avanzada y podría haber riesgo de infección.En las últimas tres horas, estaba agotadísima, sentía que me iba a desmayar del cansancio, pero confiaba en que mi cuerpo no me lo permitiría. Las contracciones eran realmente fuertes y el dolor se me expandía hasta la cadera, sentía cómo los huesos de la pelvis se me abrían para darle paso al bebe.A pesar de que el dolor me invadió y no tuve el control de la situación en todo momento,jamássentí miedo o temor de que algo fuera a salir mal, ni tampocopasó por mi mente ir al hospital. Lomásdifícil fue entregarme completamente y dejar la razón de lado, dejar de pensar, por ejemplo, en cuánto tiempo me faltaba. El dolor se me hacía cada vez más intenso y a ratos me desesperaba. Un buen consejo para las primerizas: entréguense completamente a lo que está ocurriendo, que su mente no ponga resistencia, es como elongar y permanecer en la posición lo más abierta posible, respirando,haciéndose parte del dolor hasta que ya no es más dolor, es sólo una sensación.Concentrándose, sin miedo, sin pensar en cuánto falta o que no lo podré soportar.Confiar tranquila en que los cuerpos llevarán el control y no la mente.... simplemente entregarse.Cuando se rompió la bolsa, comenzaron las contracciones más fuertes e involuntariamente cada onda que venía desde mi interior me hacía gritar.Salía energía de los pujos por mi boca, era una contracción y un pujo.Fueron más o menos unos 5 pujos hasta que empezó a asomarse la cabeza de la criatura.Otro consejo es concentrarse en expulsar la fuerza por la vagina, porque a mí se me “escapaba” por la boca en los gritos. Habíamos conversado y mi compa iba a recibir a la criatura, pero en el momento mismo yo sóloquería que él estuvieradetrás de mí,conteniéndome. A un lado, mi mamá, al otro lado, la Claudia y frente a mí, la matrona. Muchas mujeres me decían que en el momento en que la guagua sale no se siente nada, la verdad es que todas las que me dijeron eso parieron con anestesia, yo sentí todo, su cabecita, sus hombros todo su cuerpo.La sensación es distinta a la de las contracciones, sigue siendo dolorosa pero al ser otro dolor tenía energías para tolerarlo,además sentía un alivio gigante y una gran emoción.La Inara Huilen nació a las 3.00 AM, tal cual había anunciado la matrona, un 23 de octubre en una hermosa luna menguante, venía con el cordón en el cuello, con 2 vueltas, la matrona se los sacó rápidamente, mientras yo contenía el último pujo.Luego, la puso en mi pecho, no lloró inmediatamente, tosió un poco y se quejaba.Pasaron algunos segundos hasta que alguien exclamó que era niñita. La recuerdo llena de sangre toda blanca con su grasita, recuerdo a mi compa a mis espaldas y las demás mujeres que me acompañaron, cercanas, de sangre y una amistad trascendental. La Inara hoy tiene un vínculo especial con ellas...estábamos todos felices recibiendo a esta pequeña criatura de esta forma tan natural.Un largo proceso que terminaba, lleno de obstáculos y desafíos, lleno de desencuentros y encuentros...terminaba para dar paso a otro; la crianza, crecer juntos, enseñar, aprender, jugar, llorar y reír. Pasó un rato y tomó pecho.Luego se quedó dormida, ambas estábamos agotadas, la verdad es que para todos fue intenso. La placenta salió más o menos a la media hora después del nacimiento. Lamentablemente me rajé, por lo que la matrona me coció, me explicó que estaba en riesgo de que se me salieran los puntos ya que la cocida no fue con los mejores materiales (sólo lo que conseguimos la misma noche).Pero finalmente,salió todo bien.Estoy feliz de que la Inara naciera en la casa, nació lejos del hospital.Lejos de las manos pragmáticas de la medicina occidental y de un sistema nefasto por donde se le mire.Lejos de los miedos impuestos.Lejos de las normas y reglas de quien nunca ha parido pero lucra con el negocio de los partos.Lejos de las salas perfectamente limpias y blancas, con potentes luces, y una rutina invasiva fundada por el temor y el control de lo salvaje.Nació con amor y cariño, sin asuntos monetarios de por medio, con las personas que querían recibirla.Nació en la cama que aún duerme, en el lugar donde vive, y estuvo con nosotros desde ese primer momento.Jamás la bañamos hasta que cumplió un mes, la grasa que traía, su cuerpo la absorbió de forma natural (contiene vitamina k y otros nutrientes) y jamás le hemos puesto una vacuna. La placenta que la cuidó y protegió tanto tiempo, la comimos para re-absorber todos susnutrientes y asítraspasárselos a ella a través de la leche y aprovecharlos yo también -mi ciclo se reguló al mes de haber parido-.El resto de la placenta nutre a un hermoso almendro, que la alimentará y crecerá con ella, como un hermano. Esta experiencia sin duda fue el másincreíble e intenso viaje que he tenido hasta ahora en mi vida.Creo que haber parido de forma natural ha sido lo más hermoso que le hemos podido regalar y creo que tiene una importancia fundamental y dejará una huella que la va a acompañar toda su vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario