lunes, 17 de febrero de 2014

Parto de Luan Lahuel




Innumerables veces empecé como ahora a escribir con la intención de relatar mi parto hasta el final. El miércoles se cumple ya un año y con eso el plazo que me auto impuse de poder lograrlo. Hay muchos detalles que mi mente no recuerda, pero haré el intento. No puedo creer lo rápido que ha pasado el tiempo, lo rápido en que se ha trasladado el planeta, lo rápido en que logró dar la vuelta completa al Sol.



Estoy emocionada, ha sido un año intenso y hermoso. Tenemos el privilegio de vivir en el campo, rodeados de naturaleza, aire puro y agüita de vertiente, apartados de todo y de todos. Totalmente dedicados a nuestro hijo, libres de horarios, de jefes, de familiares entrometidos, de fechas, libres de pediatras, de vacunas, de exámenes, de enfermedades. Inmersos en un puerperio feliz en medio del bosque, con vista a un hermoso río, durmiendo cada noche con el canto de los grillos y ranas, y despertando cada mañana con la melodía de los pájaros. Dedicados 100% al cuidado del bebé, a ver cada segundo como crece y se va desarrollando. Una oportunidad impagable, que me siento afortunada de haber recibido. Ha sido un gran sacrificio estar lejos de nuestra familia y amigos, pero por conectarse con la naturaleza, todo lo vale. ¡Gracias Vida!

Mi parto fue algo difícil, algo que no me esperaba y fue un gran golpe emocional para mi cuerpo, pero sobre todo para mi ego. Aunque estoy feliz de poder finalmente hablar abiertamente de él, de poder relatarlo, aunque sea sólo después de un año entero. Esto es una gran terapia.

Soy santiaguina y a los 22 años quedé preñá de un hombre a los 10 días de conocernos. Fue algo mágico como estrepitoso. Recuerdo muy bien el momento en que nuestro hijo escogió ser nuestro regalo. Teníamos el condón al lado, yo estaba en la mitad de mi ciclo, pero algo sucedió y decidimos no usarlo. Y yo decreté: “Que el universo se manifieste”. Y helo aquí, junto a nosotros, un gordo cachetón hermoso de mirada profunda que evoca los sentimientos más puros de amor a todo ser que le rodea, sea este vaca, perro, gato, pájaro o persona.

Casi compulsivamente tengo una obsesión negativa con la contaminación, la que se agudizó al hacerme madre, entonces decidí que mi hijo no nacería en la polucionada Santiago, asíque planeamos dejarlo todo y arrancar a un lugar más "natural". Tenía opciones en muchos lugares en el sur, en casa de parientes, amigos, etc...al final fuimos a dar a la IX región de la Araucanía, en territorio mapuche, de volcanes, ríos y araucarias. Me hacía mucho sentido porque de allí viene la familia de mi abuelita, eso me conectaba con mis raíces. Escogimos ese lugar más que nada porque nos habían dicho que el hospital (en caso de necesitarlo) de Villarrica tiene parto "respetado", por la buena experiencia de una amiga que parió ahí y porque unos amigos nos invitaron a arrendar muy barato con ellos una casita muy hermosa en Curarrehue. Un 8 de diciembre partimos a mis 36 semanas.

Pasamos todo el embarazo conociéndonos como pareja y estudiando para el parto. Queríamos un parto natural, pero no pudimos encontrar un equipo médico que cumpliera con nuestro requerimiento ideal de no estar en un hospital ni en una casa. Yo soñaba con mi parto en el bosque. Supimos de un doctor de apellido raro que viajaba a cualquier parte de Chile y cobraba algo más de un palo, sin incluir los traslados...Supimos también de otras matronas que cobraban 600 lucas. Una vez allá tratamos de localizar algunas parteras mapuche o del campo, pero esta sociedad se ha encargado de denigrar tanto esas prácticas ancestrales, que ellas están escondidas en lugares remotos donde poca gente sabe y no logramos encontrar alguna. La verdad no buscamos tanto. Yo pensaba, si tiene que llegar nosotros la encontraremos y ella nos encontrará a nosotros, cosa que nunca sucedió. Nosotros nos sentíamos muy capaces de tenerlo por nuestra cuenta, los 2 solos, sin doula, sin partera, sin ginecólogo.

Leímos mucho, estudiamos muchos manuales, que hacer si la placenta no sale, como saber si el cordón está enredado, como saber si hay meconio, como escuchar los latidos del bebé, vimos muchos videos, juntamos muchos materiales. Que las tijeras, que el hilito pa amarrar el cordón (soy rh -), que los guantes, que el guatero, que los frascos esterilizados para guardar la placenta, que el aguardiente para hacer la tintura madre, que la pelota, que la piscina, la tela pa colgarme, una infinidad de cosas y pequeños grandes detalles para el perfecto parto natural y salvaje.A medida que se acercaba el momento yo me estresaba con hacer que no se me olvidara ninguna cosa. Fueron demasiadas cosas en mi mente, y eso me abrumó la psiquis y el neocortex.

Fui a Villarrica para hacerme un último control antes de irme al cerro y me recomendaron un tal doctor Santander, quien era muy renombrado en el tema de partos naturales y quien llevó la idea de parto respetado al hospital de Villarrica hace como 8 años. Nosotros fuimos muy sinceros y le dijimos que queríamos un parto salvaje y que lo visitábamos sólo para cerciorarnos de que todo estuviese en orden para estar tranquilos. En la consulta me practicó una ecografía a la que accedí (me había hecho sólo 3 durante el embarazo) y dijo que todo estaba en orden. Se mostró a favor de nuestra idea de parir sin asistencia. Dijo que toda mujer era capaz y eso me gustó de él. Le fui agarrando confianza y me dijo que fuera a verlo en 5 días a ver como seguía todo y que fuera al hospital a conocer la sala de parto natural y a escoger una matrona en caso de necesitarlo.

Volvimosa la otra semana como acordamos y me practicó nuevamente una ecografía, a la que hoy, no sé por qué accedí. El doctor era tan pro parto natural que la verdad es que me daba mucha confianza y me entregué no más. Fuimos al hospital y al cruzar la puerta de entrada ya tenía una sensación de escalofrío, para llegar a maternidad hay que pasar por la sala de hospitalizados, llena de seres sufrientes como muertos en vida, me resultaba una contradicción en mi estado de luz caminar por ahí. Fue algo deprimente. El hospital no me pareció en absoluto un lugar cálido ni propenso para parir. Creo que los hospitales, al igual que las escuelas…muy poco se diferencian de las cárceles. Me parecía un horror dar a luz a mi hijo allí. Hasta que llegamos a la parte de maternidad que tenía una energía diferente, me pareció todo más dulce, creo que era por los bebés que allí habían nacido. Había muchas ventanas por donde entraba mucha luz y el aire era distinto, ya no olía tanto a muerte… Allí me hicieron pasar a conocer la sala de parto natural y la famosa tina de agua caliente. Ambas me parecieron enanas e inmensamente incómodas. El doctor me presentó a varias matronas y las que tenían convenio con mi isapre, dije “pucha… no conozco a ninguna, ¿cómo elegir?” Y pensé filo, total no creo que venga a parir aquí… Nos despedimos del doctor y dijo algo como: “Si no nace tal día, ven al siguiente”.

Pasamos la Navidad con mi hermana y su familia que estaban viviendo en Pucón y el año nuevo en Loncotraro, en la casa de un tío. Habían muchos parientes opinando que esto que aquello que como vas a parir y lalala… y yo con una guata ENORME que apenas me permitía caminar.

POR FIN…En la semana 39 nos fuimos a acampar al cerro donde vivían otros amigos en un lugar maravilloso, al lado de una vertiente que resonaba, muchos árboles que nos protegían de ese intensamente caluroso verano, rodeados de naturaleza, tal y como yo lo había soñado. La primera noche que dormimos en la carpa hubo una tormenta y eso me gustaba, me gustaba escuchar la furia de la lluvia, los truenos y el viento. Pensé, “sería maravilloso si naciera ahora”. Antes de quedarnos dormidos abracé a mi compañero con emoción, recordé los 9 meses vividos juntos y por todo lo que habíamos tenido que atravesar. Llegar ahí era una meta cumplida. “lo logramos mi amor”

Como a 10 minutos caminando cerro abajo estaban en una casa 5 amigos con un auto, preparados para cualquier cosa que necesitásemos.

Los días fueron pasando y comenzamos a preparar todo, un lugar para hacer el fuego donde calentaríamos el agua para llenar la piscina, yo no estaba segura de querer parir en el agua, pero si quería agua muy caliente para relajarme, pusimos una sandía a enfriar en la vertiente que corría, sabía que en el trabajo de parto me daría mucha sed, colgamos una tela en el árbol más cercano…Un día hacía mucho calor y yo estaba inflando la piscina cuando derrepente, de la nada y de sorpresa aparece…MI MAMÁAA!!
(Recórcholis!! Esto no me lo esperaba!! Una semana antes de partir al sur, en Santiago, había asistido a una junta de mamis de este mismo grupo que me dijeron muy claramente… Las mamás…LEJOOOOOOS!!!.) Yo soy muy, pero muy mamona y al verla allí con sus ojitos yo solo entré en llanto y corrí a abrazarla. En ese abrazo me dijo: “Tamaraaa, ¿estás loca, qué pretendes?” y yo sólo la abracé con mucho alivio de tenerla cerca. Dentro de mi corazón, sentí mucha tranquilidad de que ella estuviera ahí. Sentí que podría ser de gran ayuda en el momento del parto y que yo la necesitaba a mi lado. Más tarde supe que muy difícil es cortar el cordón umbilical de tu hijo si aún no has cortado el que te ata a tu propia madre…

Entonces mi mamá se quedó en la casa que estaba abajo del cerro junto a los demás amigos. Ella nunca se mostró a favor de la idea de parir así, más aún si estaba a 2 horas y media de distancia del hospital más cercano y sin señal de celular!!. Para ella era una locura, pero mi razonamiento fue: ”el amor todo lo puede y mi madre me acepta como soy, será de gran ayuda tenerla”

Desde la semana 36 yo sentía leves contracciones que con el paso de los días se iban agudizando, llegó el tan esperado día en que se cumplía la semana 40 y las contracciones más que dolorosas eran muy esperadas y bienvenidas, y más que seguidas, eran muuuy apartadas y poco intensas.

Yo meditaba en la naturaleza, caminaba cerro arriba, cerro abajo, conversaba con los pájaros, le hablaba a mi bebé. Tomaba el sol con mi gran panza. Capeaba el calor bañándome en esa hermosa vertiente, recibía el amor de mi compañero quien siempre estuvo allí para todo lo que necesitaba, me llevaba el almuerzo a la carpa porque yo no quería bajar de allí, no quería hablar ni ver a nadie. Solo quería estar conectada con la Madrecita Tierra y todos los espíritus ancestrales que habitaban ese lugar. En el cerro del frente se veía una manada de caballos que correteaban salvajemente, yo los veía y me enamoraba…sentía que con su galope hacían mover a mi bebé, lo invitaban a nacer.

El calor era realmente sofocante y yo dormía mucho, siestas muy largas y aunque parecía estar relajada, yo más que todo estaba nerviosa, y mientras más trataba de no estarlo, más nerviosa me ponía. Los chiquillos me preguntaban casi muy seguido: “¿y?... tenis contracciones o no?” Y eso me enfurecía. Mi madre también: “oye pero el doctor dijo que vayamos. Porqué no vamos. Ya hemos esperado mucho”… y yo quería mandarlos a todos a la mierda. El estrés comenzó a superarme y me apareció un gran orzuelo en el ojo.

Cuando me sentía sobrepasada yo regresaba al bosque e intentaba conectarme, me internaba con las mariposas, me fumaba mis pititos y en una gran roca bella que parecía haber llegado allí de sopetón con la erupción de un volcán, yo me sentaba a meditar. La roca tenía un rico colchón de musgo que la hacía perfecta para descansar.

Llegó un día, no recuerdo en estos momentos cual exactamente, pero aún dentro de la semana 40, que tanto por ignorancia como por insistencia de mi madre, decidimos viajar a la consulta del doctor. Fuimos, me tomó una eco y dijo que estaba todo bien, pero que comenzara a reconsiderar la idea de plan B de parir en el hospital. Esto me derrumbó por completo y rompí en llanto. El doctor me dijo en privado que la presencia de mi madre era negativa y que nos hacía a todos secretar adrenalina. Yo a esas alturas no tenía las fuerzas ni las ganas de echarla. Ya su carácter obstinado y su preocupación jamás la hubiesen hecho hacerse un lado. Y yo sólo lloraba y preocupaba a mi compañero. La pena y la frustración que sentía nunca harían propicio el trance necesario para dar a luz.

Esa noche caminé y caminé, caminé y caminé… tenía muchas contracciones pero nunca seguidas. Pero me hicieron tomar fuerza y a la mañana siguiente volvimos al cerro en contra de la voluntad de mi madre. Ella nos siguió y yo no se lo impedí. Dentro de mí siempre cupo la esperanza de que todo resultaría.

Llególa tarde y junto con la puesta de sol las contracciones se agudizaron y cambiaron de patrón. Ahora sentía una muy fuerte presión en la zona lumbar. Pensé, ¡llegó el momento! Fui muy emocionadamente a contarle a mi compañero y luego volvísola a mi roca regalona. Estuve mucho tiempo allí, cantando mantras y disfrutando la intensidad de esas tan ansiadas expansiones. Me dolían, pero yo quería tanto que mi hijo naciera que sentía placer con cada una de ellas. Después de un rato mi compañero volvió a verme y le dije “¿le contaste a alguien?” Y dijo “si”.Nunca he sabido, porqué ni cómo, pero en ese momento mi cuerpo entró en cólera. Mis contracciones eran tan mías y tan privadas y ellos estaban tan expectantes y curiosos sobre mi proceso y me preguntaban cosas que me incomodaban, entonces yo no quería compartir eso con ellos y comencé a enfurecerme cada vez más y a reprocharle a mi compañero de porqué había hecho eso y rompí en llanto. Fue una situación muy absurda, ahora lo sé y me arrepiento mucho, siento mucha culpa y rabia al respecto. Obviamente las contracciones desaparecieron para no volver más.

Pasó esa noche y yo rogaba y rogaba que las contracciones volvieran…pasaron varios días y ya cuando estábamos en la 41+4 yo tenía miedo que mi rabia “sinsentido” inhibiera la oxitocina necesaria. Todos los días anteriores mi mamá estuvo obviamente rogando regresar al hospital, pero ese día decidí ir por mi cuenta a ver qué pasaba con este bebé que se resistía a llegar al mundo. (¿o yo me resistía a traerlo?)

Llegamos a la consulta y el doctor me dijo, tranquila. Los bebés deciden su momento, tú sólo comienza a relajarte, de pronto nacerá, ya verás. Aún estamos a tiempo. Y eso me dejó mucho más relajada. Le pregunté si sería bueno ir a unas termas y dijo que a esas alturas podía ser peligroso, le hice caso. Luego dijo: “regresa en un par de horas y te haré una eco, para descartar cualquier cosa” (puta ya me había hecho DEMASIADAS ecos el muy descriteriao, pero a esas alturas era bien difícil oponerme) Regresamos como dijo por la tarde, puso el aparato en mi panzota, miró por un segundo la pantalla, puso cara de nada y me dio papel para limpiarme. Con mi compañero nos miramos asustados. El doctor dijo, es mejor no decir el porqué, no te quiero asustar para que puedas tener tu parto vaginal, está todo bien, pero es necesario que te hospitalices esta noche. “Mañana a las 7 de la mañana induciremos” ….Recuerdo ese momento y es muy difícil no llorar, mamis. Me da mucha pena, rabia e impotencia. En ese minuto yo me quería morir, y mi compañero sólo me abrazaba y sonreía con lágrimas diciendo “mi amor, ¡qué alegría!¡Mañana por fin vamos a conocer a nuestro bebé!” Y yo solo podía sentir cualquier cosa menos alegría. ¿Qué pasó con mi parto en el bosque?, ¿con los pies en contacto con la tierra? ¿Qué pasó con la sangre que sería ofrendada en el mismo lugar sin que sea limpiada como un desecho? ¿Qué pasó con mi parto a la luz del fuego y la luna -si fuese de noche- o a la luz de ese incandescente sol de enero? ¿Qué pasó con los árboles que guardarían ese momento? ¿Qué pasó con mi madre que ayudaría a cortar el cordón? ¿Qué pasó con mi compañero que lo recibiría entre sus manos? ¿Qué pasó con el primer grito de mi bebé que haría eco con la montaña? ¿Qué pasó con el poder heredado de mis ancestras? ¿Qué pasó con la fuerza de mi espíritu? ¿Qué pasó con todos los animalitos y las flores que celebrarían conmigo ese momento de luz? ¿Qué pasó con la guerrera que soy? ¿Qué pasó con mi sueño más preciado hecho pedazos frente a mí en el momento más importante de mi vida? ¿Porqué madre naturaleza, por qué el destino me hace pasar por esta circunstancia de dolor y sufrimiento extremo? ¿Qué habré hecho en esta vida o en alguna pasada para merecer tal oprobio? ¿Porqué a mí? ¿Por qué a nosotros? ¿Porqué porqué porqué? Yo era un mar de lágrimas, un mar de miedo, un mar de dolor. Yo pensaba…”perdóname bebé, perdóname hijo”. Solo sentía culpa y pena, culpa y rabia, pena, pena, dolor… Y obviamente, las contracciones brillaban por su ausencia…

Llegó la noche y yo no paraba de llorar, mi mamá estaba triste, pero se sentía muy tranquila de que al fin yo estaba a salvo en manos de “expertos”. Por suerte me pude hospitalizar junto a mi compañero, Yo llevaba muchos días tomando agua de frambuesa y nada. Esa noche me tomé muchos vasos. Llegué a hacer el ingreso y cuando entré al hospital como que se me pasó un poco la pena gracias a una matrona que estaba de turno, joven muy simpática que me atendió, me pesó, me tomó la presión, me llenó el formulario y se quedó mucho rato conversando conmigo muy amorosamente. No saben lo aliviada que me hizo sentir, una MUJER, MADRE, una oreja que me escuchara y me tirara pa arriba, porque necesitaba fuerza para parir y en ese momento yo era un estropajo.

Estaba tan cansada de llorar y con la mente tan pesada que no me costó trabajo quedarme dormida. Muy temprano en la mañana y yo con mucho sueño, llegó la matrona que me correspondía a prepararme. Entró en la habitación con el suero para la oxitocina y una maquinita con la que iría monitoreando. La verdad es que esa mujer era una bruja, llegó con su aguja a pincharme, estuvo mucho rato porque no me encontraba la vena. Yo estaba muy cansada pero despabilada, optimista, con fuerza recuperada… ya faltaba poco para conocer a mi bebé. En ese hospital tienen un procedimiento que te inyectan un poco de oxitocina y luego ven como tu cuerpo va reaccionando, hay veces en que luego de ese “golpe” de oxitocina el cuerpo comienza a secretar “naturalmente” y ahí te quitan la dosis. No como en otros lados que te dan oxitocina prolongada todo el tiempo. Bueno ese fue mi caso, me inyectaron un poquito y luego mi cuerpo empezó sólo. Por suerte teníamos la pieza de pensionados para vivir más o menos en privacidad nuestro trabajo de parto. Usamos la pelota y un guatero caliente en la espalda que ayudó mucho… yo cantaba mis mantras de expansión y lograba pasar las contracciones, con la fuerza de mi compañero que me sostenía en todo momento. Recuerdo con mucho amor esa parte, fue hermoso tener esas contracciones. Doloroso, pero placentero. De vez en cuando entraba la matrona a monitorear y hacer tacto e interrumpía todo el trabajo, luego se iba y podíamos continuar en nuestro vaivén. Era muy doloroso, pero el dolor no me importaba, yo sólo quería parir a mi bebé y tomarlo y ponerlo en mi pecho. Nada me importaba más en la vida, en ese momento. Yo quería reencontrarme con mi bebé. Que me mirara a los ojos y nos amaramos por la eternidad.

A los 7 meses de preñez, una amiga me regaló unos cogollos muy potentes y yo los guardé para ese momento. Cerramos la puerta con pestillo y nos fumamos una medicina. Fue lo mejor, me ayudó a conectarme y llevar mucho mejor las contracciones, que seguían siendo cada vez más y más dolorosas…pero no me importaba, iba a conocer a mi bebé. Prendimos un inciensopa que pasara piola. De repente sentí algo húmedo… había roto aguas y dije “chuuuu”…ahí entró la matrona con el doctor… paqueando la vola y sacándome de mi trance todo el rato. Se van…yo gritaba y cantaba mis mantras muy fuerte, creo que se escuchaban en todo el hospital.

En todas esas horas (6 más o menos) que llevaba de trabajo, sólo me había dilatado 2 cm, incluso después de haber roto la bolsa. En un momento entra la matrona y no me avisa cuando me mete los dedos y me hace un tacto MUY doloroso la bruja maldita. El doctor me avisaba siempre a la hora de hacerme tactos y yo me entregaba y por eso no me dolía, pero esta bruta insensible no me avisó y fue muy doloroso. Todas esas intervenciones hicieron muy difícil mi trabajo de parto. Pasaron 2 horas desde que se rompió la bolsa y el doctor entró a la pieza, dijo que no me había dilatado nada y que iban a hacer cesárea. Ahí entré en pánico y dije: “no doctor, lo siento pero me tiene que esperar” y me dijo, “ya, ok. Tienes 2 horas más, pero no más que eso”. Cerró la puerta y se fue con la matrona.

Yo sentía mucho miedo, porque ellos me tenían amenazada de cortar mi cuerpo en dos, sentía mucha presión, mucho miedo, pero sentía toda la fuerza, me sentía capaz de parir a mi bebé, ahí con mi compañero en esa pieza. Seguían y seguían las contracciones y con más fuerza y yo le ponía todo el empeño, le hablaba a mi bebé con la mente, no me importaba el dolor, yo quería parir, aunque estuviese bajo presión, nunca perdí las esperanzas…

Bueno, esas 2 horas para mi fueron como 2 minutos y no me di ni cuenta cuando el doctor y la matrona entraron nuevamente a la pieza…yo gritaba “nooo, no todavía nooo…espérenmeee mi bebé ya va a nacer!!” Y el doctor me hizo tacto y según él, yo seguía en los mismos 2 cm. Me argumentó que ya había roto la bolsa e intentó meterme miedo con algo de que las infecciones y blablabla… yo le dije, “no! Doctor, después de romper aguas pueden pasar 24 horas hasta que nazca el bebé.” Pero él no, seguía con la cuestión de las infecciones que no se qué. Yo lloraba y gritaba “no, no no voy a ir a pabellón.”Seguro el doctor quería volver temprano a su casa a tomar oncesita. Y empezaron a entrar las paramédicos para prepararme para pabellón y yo gritaba, “no, no porfavor!! Esperen un poco”. Mi compañero estaba helado, no decía nada. Yo lo miraba como diciéndole: “di algo!! Defiéndeme!”. El doctor se metía y decía, “Tamara, ya entrégate, no te tortures más”. Y yo me sentía sola peleando contra todos, con los dolores de las contracciones cada vez más y más fuertes. Yo decía “no nono”. Y el doctor dijo:“bueno, entonces yo no puedo seguir adelante contigo”, y la matrona dijo, “yo tampoco”,” ya no nos haremos responsables de ti”. Y yo miraba a mi compañero y él me miraba y no decía nada. El doctor me tomaba la mano y me decía “Tamara, ya entrégate, no te tortures…” y yo pensaba, “me voy de este hospital de mierda, me voy al lago a parir!!”, pero apenas podía moverme. La matrona se metía y decía. “el bebé está sufriendo” y en ese momento me dio pánico de pensar que a mi bebé le estaba pasando algo y sin fuerzas balbuceé un “está bien”. Ahí el doctor le dio la orden a las paramédicos que ya tenían todo listo, me pusieron unas pantis en las piernas y me rasuraron con máquina…yo solo gritaba y lloraba… la matrona preguntaba. “¿Cuál es la ropa del bebe?” Y yo “mmm ¿por qué le quiere poner ropa?¿Cómo se supone que haremos el apego si tiene ropa?¡Yo lo quiero pecho con pecho!” y ahí se fue. Me llevaron en una camilla a pabellón y mi compañero se fue a vestir para la operación, en ese momento sentí miedo al separarme de él. A las 4 de la tarde me llevaron a un pabellón oscuro y frío con asqueroso olor a hospital, me sentaron en una camilla para ponerme la anestesia en la espalda y yo estaba muerta de miedo, gritaba de la pena, era la loca del hospital. Se me adormeció la mitad del cuerpo, y dejé de sentir el dolor de las contracciones, pero el miedo me paralizaba el cuerpo aunque me sentía muy alerta, no quería que esos bastardos se llevaran a mi hijo, yo lo quería en mi pecho de inmediato y nadie podría impedirlo. Por suerte, el efecto de la cannabis aun perduraba. Yo observaba todo y a todos. Habían muchas personas y una mesa llena de tijeras… yo dije: “¿por qué tienen tantas tijeras?” Y el ginecólogo para tranquilizarme dijo:“no, están ahí por siacaso”. Y otro doctor muy pendejo que había, dijo como medio pa callao y medio pa q yo escuchara. “tss no sabe na que las vamos a ocupar todas!” Yo gritaba como una fiera, lloraba, gritaba. Mi compañero no aparecía y mandaron a una paramédico muy amorosa a consolarme. Me decía que la cesárea era lo mejor, que era sin dolor y blablabla. Me ponen en la camilla, me acuestan y me AMARRARON LOS BRAZOS!!! Eso fue la gota que rebalsó el vaso. Yo lloraba y decía: “¿por qué me amarran? Si no me voy a escapar” nadie me respondía y la paramédico me decía “yaaa, tranquilitaaa ya va a pasar.” Se supone que duró media horala operación, pero para mí fue ETERNA. Llanto, llanto, dolor, miedo, pánico, desesperación. El equipo médico me odiaba y siento que disfrutaban con mi tortura. Porfin apareció mi compañero, me tomó la mano y yo le digo: “cuídalo, que no se lo lleven, que me lo entreguenaltiro…” Estaba mi cuerpo anestesiado, pero yo sentí todo, sentí como cortaron mi piel, como cercenaron mi vientre, como hurgaron en mi útero, como intrusiaron mi cuerpo, como me violaron en presencia de mi hijo y mi compañero. El ginecólogo dijo: “apaguen la luz” y de repente escucho el llanto, el grito estridente de mi bebé y fue muy mágico sentir que el aire con el que él dio su primer grito vino directo desde mis pulmones, sentí cómo me ahogué con su grito de auxilio!! Y si antes yo estaba gritando, cuando ya supe que estaba afuera, me puse como loca, más que agresiva, más violenta…como una loba a la que le arrebatan su cachorro y gritaba… “pásenmelo mierdaaaa, es mi hijooo, dénmelooo, pásenmelo ahoraaa, es MI hijoooo!!!”. Y mi bebé gritaba y lloraba… mientras le cortaban el cordón, fueron como unos 10 segundos pero para mí fue eterno también, una tortura de escuchar a mi bebé llorar, escucharlo sufrir, pedir auxilio y no poder acunarlo es la sensación más terrible que me ha tocado vivir. Por fin lo pusieron en mi pecho y aquí viene lo más frustrante: no lo pude acunar porque estaba AMARRADA!! Mi compañero sólo miraba y lloraba, él tampoco atinó a abrazarnos y acunarnos, sólo lloraba de emoción. Yo miré a mi bebé llorando y vi su penecito, era niño tal y como siempre lo supe! Luego apareció la pediatra de la nada por detrás de mí a examinar a mi bebé encima de mi pecho, y yo estaba enfurecida, ella puso el estetoscopio de metal en su pechito y yo le dije “nooo, estáfrioo.”Mi bebé seguía en mi pecho llorando, y yo aun amarrada sin poder tomarlo!!! La doctora le metió el dedo en la boquita (para ver si tenía el paladar cerrado) y yo casi la muerdo. Mientras todo esto ocurría los doctores/violadores me cosían y luego por fin me soltaron las amarras y pude tomar a mi bebé ahí por fin se calló. Me llevaron a la sala de recuperación y ahí por fin pude darle pecho y se agarró bien al pezón. En la misma sala de recuperación al lado mío había un caballero que lo acababan de operar de la próstata, era un viejito campesino y sordo, porque él hablaba y todos le hablaban muy fuerte, pero eso no logró interrumpir nuestro momento de felicidad y paz, por fin juntitos y abrazados. Yo sangraba y sangraba y la matrona con las paramédicos me cambiaban los paños, pero eso tampoco interrumpió nuestro momento de amor. Ya nada podía turbarme, POR FIN TENÍA A MI BEBÉ EN BRAZOS, PRENDIDO DE MI PECHO. Se quedó dormido y ahí recién se lo llevó mi compañero para pesar y medir, no permitimos vacuna ni inyección de vitamina, sólo peso y talla. Midió 52 cm y peso 4750 kg, en verdad era un enorme bebé, lleno de rollitos por todo su cuerpo. Después me llevaron a mi habitación por fin donde había algo de silencio y privacidad y pasamos una muy feliz primera noche de amor y calostro. Más tarde supimos que habría sido igual caótico parir vaginal en la sala de parto, ya que en el momento en que yo estaba en pabellón, habían tres mujeres pariendo al mismo tiempo en la sala de parto!! Qué mágico, no?

Al siguiente día cuando se pasó el efecto de los analgésicos empezó el terrible dolor de mi pobre útero cercenado que me dejó 3 días sin poder caminar ni ir al baño. Este dolor se agudizaba al dar de mamar porque mi pobre vientre se contraía, pero eso ya no importaba. Mi bebé era hermoso, estaba completamente sano y se prendía muy bien de su teta. Pero los malos ratos no terminaron ahí,entraron 2 paramédicos a la habitación a “hacerme aseo” porque no paraba de sangrar… y muy violentamente me aplastaron la guatita, diciendo que era un procedimiento que debían hacer…ahí me cabreé y las mande a la chucha, fui tan agresiva que no se atrevieron a entrar más,. Yo como podía con la ayuda de mi compañero me cambiaba los paños.Después de todo, yo era la loca del hospital, yo era quien gritaba los mantras raros, la que pidió la placenta, la que puteaba a los doctores, la que usaba pañales de tela, la que rechazaba los medicamentos, la que desconfiaba de la comida del hospital, la que no vacunó, la que iba a parir en el cerro! Yo sentía como chismoseaban y me pelaban en los pasillos. Al segundo día viene a vernos la pediatra diciendo que la leche no me ha bajado que tengo que darle un relleno, yo dije:¡jamás!, y que tengo que tomar una pastilla llamada sulpilan!. Cuando la busqué en internet caché que era una benzodiacepina como las que le dan a los esquizofrénicos!!! Yo estaba chata con tanto medicamento asique la mandé a la chucha, yo tenía calostro y eso llenaba muy bien a mi bebé. Al quinto día mi leche bajó en abundancia y tenemos lactancia materna a libre demanda hasta el día de hoy <3

Cuando le pregunté al doctor cuál fue el motivo de la cesárea dijo que mi bebé era muy gigante, y en verdad, era enorme, casi 5 kilos y yo igual soy de contextura delgada, aunque había subido 20 kilos en el embarazo. No puedo dejar de sentir esa amarga sensación de que fue una cesárea innecesaria y no pudimos hacer nada para evitarlo. También siento rabia de pensar que si hubiésemos tenido las lucas hubiésemos podido pagar una partera que nos ayudara a sentir confianza. Sabemos de varias parejas que han logrado pagar menos, pero el solo hecho de “contratar” a alguien para que me enseñe y ayude a parir nos parecía descabellado.

Cuando volvimos a la casa yo lloraba por la tristeza de todo lo vivido, por la frustración de sentir que me robaron mi parto y por la pena de sentir que mi inocente bebé tuvo que nacer de esa forma tan violenta, por yo no haber sido capaz de traerlo al mundo de la forma que esperábamos. En el hospital me decían que si lloraba se me iba a cortar la leche y yo estuve un año metiendo la basura bajo la alfombra, no afrontando mi pena y el duelo de mi parto por estar bien para mi hijo. Nunca pude asistir a talleres o círculos de mujeres para sanar mi parto violentado, nunca lo pude conversar con una amiga ni con nadie porque el nudo que apretaba mi garganta me impedía hablar.

Muchas lecciones puedo sacar de esta enriquecedora experiencia que me ofreció la vida, supe que por más que quisiera yo no era indígena, ni salvaje. Supe que mi contexto era otro. Que es muy difícil romper con la herencia cercana, mi madre ya había nacido en hospital, yo ya había crecido en la ciudad, desconectada de la naturaleza. Aun así, la pachamama me supo a mí y mi bebé, lo suficientemente fuertes para afrontar esta situación, nuestros cuerpos se sacrificaron para luchar mucho más intensamente, más aguerridamente contra las injusticias de ésta humanidad. Después de sobrevivir esta tortura, y sentirme entera, ser el alimento para mi hijo, me siento fortalecida, siento que ahora tengo mucho más carácter que antes, que soy capaz de hacer frente a los abusos de este sistema con más fuerza.

Luego de hacer una tintura madre con la mitad de mi placenta y cordón, ocupamos la otro mitad para ofrendarla a la tierra y volvimos al lugar donde habíamos intentado parir en el cerro y en un árbol cercano a mi roca regalona, enterramos la placenta. Rogándole a la madre tierra fuerza para criar a mi bebé y dando las gracias por tan hermoso milagro de tenerlo con nosotros, sano y salvo.

Afortunadamente mi bebé es luz en mi vida y ha crecido sano y fuerte en la naturaleza, casi totalmente libre de intervenciones médicas. Todo lo vivido hasta ahora valió la pena. Todo lo que hemos pasado es un regalo de la vida, un aprendizaje, y en lo sagrado del universo ha ocurrido. Ni el más vil patriarcado, ni la más cruenta violencia obstétrica puede coartarnos la posibilidad de amar, mi hijo crece sano y feliz con el amor infinito de sus padres que se maravillan cada día con cada cosa nueva que aprende, con cada nuevo balbuceo, con cada nuevo gesto… Luan Lahuel crece libre y salvaje en el bosque, comiendo de los alimentos que nosotros cultivamos, los pájaros le enseñan a hablar y los árboles a traer luz para esta tierra. Espero que este relato sirva de ayuda para muchas mujeres. Gracias por leerme.


*Si quieres contactarte con ella, agrégala en facebook: Indo Mita


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