Aunque solo un 9,4% de las chilenas embarazadas tiene
como primera opción una cesárea, casi la mitad de los nacimientos en el
país son en un quirófano. Expertos aseguran que el alto porcentaje de
intervenciones quirúrgicas en las clínicas se debe a que los médicos del
sector privado ganan por parto realizado, mientras que en los
hospitales públicos se les paga por jornada laboral.
Un trabajo de parto
puede durar entre 4 y 8 horas, dependiendo de los centímetros de
dilatación que presente la madre. Cuando en 5 horas no ha habido
aumento, es necesario operar. Renata Lobos llevaba solo 1 hora y 15
minutos cuando su doctor insistió en que su hija no bajaba lo
suficiente, y que debían operar. “Me hicieron una cesárea casi
obligada”, recuerda Renata (31 años), con la voz quebrada.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), no se justifica que
un país tenga un porcentaje mayor al 15% de cesáreas. En Chile un 48% de
los nacimientos son por esta vía, y en el sector privado el porcentaje
aumenta a un 70%, versus el 38% del sector público. Anita Román,
presidenta del Colegio de Matronas, adjudica esta diferencia a la forma
de pago y a que “el sistema privado está ligado al lucro”.
Las cesáreas son seis veces más riesgosas que un parto natural en el
periodo preparto, postparto y en un segundo embarazo, situación en cual
la cirugía se transforma –automáticamente– en un proceso de alto riesgo.
“La decisión de cómo van a nacer sus hijos, no pasa por las madres,
pasa por nosotros. Manejamos demasiada información para manipular la
toma de decisiones”, explica Gonzalo Leiva, matrón que realiza una
investigación Fondecyt sobre el alto porcentaje de cesáreas en Chile.
Con cinco años de experiencia en el sector público y privado, Leiva
llegó a la conclusión de que son finalmente los expertos quienes pueden
hacer que un parto normal termine en una cesárea. Según un estudio de
Susan Murray, investigadora inglesa que estuvo en Chile analizando la
relación entre el sistema de las Isapres y el alto porcentaje de
cesáreas, existen tres factores que determinan el alto número de
cesáreas. El primero es la decisión de la madre.
Según Pascale Pagola, matrona y una de las fundadoras de INNEcesáreas
–campaña que busca reducir el número de cesáreas sin justificación
médica– hay doctores que justifican el alto porcentaje de esta clase de
cirugías diciendo que las mamás las piden, pero ella asegura que, en los
talleres prenatales que realiza, de diez madres solo una prefiere este
tipo de intervención. Un estudio hecho por la Universidad de California
en 2006 en el Hospital Sotero del Río y la Clínica Santa María determinó
que solo un 9,4% de las embarazadas tenía como primera opción el
bisturí.
La agenda del doctor y sus ingresos también son determinantes. Según
Aldo Solari, ginecólogo de la Clínica Las Condes, los médicos que
atienden en una consulta privada muchas veces no están cuando la
paciente comienza el trabajo de parto y, para evitar un riesgo que es
menor, prefieren la cesárea, lo que Solari cree que no es adecuado. Otro
factor determinante es que a los médicos se les paga por parto
realizado.
Según la lista de honorarios 2014 de la Clínica Alemana, un
ginecólogo gana 875 mil pesos por parto, sin importar si es cesárea o
parto natural. Suponiendo que realiza ocho cesáreas semanales, que duran
una hora aproximadamente, ganaría 28 millones de pesos habiendo ocupado
ocho horas de su tiempo, sin contar consultas y partos normales. En los
hospitales públicos, en cambio, al doctor se le paga por jornada
laboral.
Los doctores también pueden programar los partos e inducirlos, es
decir, decidir cuándo tiene que nacer el niño. Patricia Gómez estaba
esperando a su cuarto hijo. Su ginecólogo le habló sobre inducir el
parto en sus cuatro embarazos, pero ella y su marido insistieron en que
dejarían ser al parto lo que era, un proceso fisiológico. Pero la
cuarta fue la vencida: el doctor citó a la pareja a las 9:30 de la
mañana para una ecografía y el examen terminó en una inducción
injustificada para apurar el nacimiento.
Cuando Gustavo Villarubia, periodista de Ciper y marido de Patricia,
le mostró la ecografía a otro ginecólogo, supo que la inducción que
había vivido su mujer nunca debió haber ocurrido. El feto no tenía el
cordón umbilical enrollado en su cuello, y esa fue la razón que le dio
el doctor a la pareja para inducir el parto.
El caso se hizo público en marzo de 2013, acusando al ginecólogo
Víctor Valverde de mal uso de un medicamento para apurar el nacimiento
del feto, lo que provocó que el útero se contrajera: la cuarta causa de
muerte materna en el mundo. Villarrubia escribió un reportaje sobre esta
situación que provocó la renuncia del doctor Valverde a la Clínica
Alemana. El parto de Patricia Gómez, finalmente, no fue por cesárea,
pero duró solo 90 minutos –normalmente tarda entre 4 y 8 horas– desde
que comenzó la dilatación hasta que nació María del Rosario.
Valverde les ocultó a la pareja que se iría de vacaciones dos días después del nacimiento.
Para Anita Román, la presidenta del Colegio de Matronas, el caso no
es raro, pues los doctores programan inducciones para favorecer su
tiempo y hacer más rentable cada parto. El riesgo de una inducción es
que puede producir sufrimiento al feto o que la placenta se desprenda
del útero. “Se ocupan tantos medicamentos que se deshumaniza el proceso,
y todo termina en cesárea”, explica Román.
Gustavo Villarrubia hoy cree que existe un abuso de información de
parte de muchos doctores, quienes privilegian sus ingresos y horarios
antes que la salud de sus pacientes. “Si no muere alguien en el parto,
legalmente no hay mucho que hacer”, dice con resignación.
Enrique Paris, presidente del Colegio Médico, asegura que no puede
referirse al caso de Valverde, ya que la denuncia está siendo tramitada
en el comité de ética del Colegio Médico, pero que en sus años de
ejercicio no ha visto doctores que hagan estas operaciones por dinero.
“Voy a defender a mis colegas pase lo que pase. Si existiera un caso
así, entonces que llame y denuncie”, dice Paris.
Sobre la autora: Bárbara Gormaz es alumna de
quinto año de Periodismo y este reportaje es parte de su trabajo en el
curso Taller de Prensa Escrita, dictado por el profesor Sebastián Rivas.
El artículo fue editado por Emilia Duclos, alumna de quinto año de
periodismo, como parte de su trabajo en el curso Taller de Edición en
Prensa Escrita, dictado por el profesor Rodrigo Cea.
Fuente: http://www.kilometrocero.cl/cesareas-en-el-sector-privado-cuadriplican-lo-recomendado-por-la-oms/

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