martes, 20 de mayo de 2014

Nacimiento de Antuel

Por Celine 

Desempolvo estas líneas que relatan mi primer parto. 

“Aún no recupero el soplo, hijo mío. Es aún como un sueño. Pero fue increíble. Como antes lo había pensado, para mí el parto era una aventura, no esperaba mucho porque no sabía realmente lo que iba a querer hacer, escuchar y tener en esos momentos, ni tampoco lo que iba a necesitar para mí y/o para el dolor. Ni siquiera me cerraba a la idea de necesitar y pedir anestesia, si es que eso era en el momento. En fin, desde que empecé el trabajo de parto, el tiempo y el espacio se hicieron difusos, sólo estaba yo, y tú descendiendo en mi interior, te sentía. Finalmente, no fue mucho lo que necesité, unos masajes para aliviar el sacro que se abría para tu llegada y posiciones en cuclillas para abrir mi pelvis para ti.
Después, hijo, me avisaste que el parto comenzaba y juntos empezamos a pujar, pujar, pujar… gritos de fuerza acompañaban cada pujo, hasta que la matrona sutilmente me calló, y yo tontamente hice caso… pues bien, unos últimos pujos, los más largos y tu cabeza apareció bajo mi cuerpo, luego saliste, algo sonó ¡la clavícula! Ya éramos sólo tú y yo, aún éramos un solo ser cuando te tuve entre mis brazos y besé tu cabeza ¡Hijito! ¡Hijo mío! Exclamaba. Aún podía sentir tu olor a mí. En ese momento, vi y entendí la vida misma, eras tú cubierto de mi sangre y con grasitas de color blanco pegoteadas en tu cuerpo. Ese cuerpo tuyo, era cuerpo de mi cuerpo. Y luego, tu papá cortó el cordón umbilical, entre bromas tontas del obstetra que nosotros dos no escuchábamos. En ese momento, te tomé en mis brazos, ya eras tú separado de mí, ya fuimos dos… ”




Una experiencia bellísima de hace ya cuatro años. Hoy con dos partos en mi cuerpo y mucha más información que antes, puedo decir que no fue perfecto, el parto sí, yo y mi hijo también, pero sí hay algunas situaciones que no tendrían porqué estar en mis recuerdos: peleas en el traslado, bata clínica horrible, acostada con monitor llorando (pensé que el sueño de mi parto se iba a la mierda), música para nada de mi gusto de fondo, ofrecimiento de la anestesia que tuve que rechazar, un obstetra que nunca había visto en mi vida y aguantar sus bromas machistas, entre otras pequeñas cosas. Me desperté a las 4 de la madrugada mojada, no sabía si era pipí o el rompimiento de la bolsa... luego fui al baño y veo que boto el tapón mucoso con unas gotas de sangre, se viene el parto me digo y llamo rápidamente a mi pareja que esa noche no estaba conmigo (no vivíamos juntos). Despierto a mi hermano chico que asustado y medio dormido sube a despertar a mi hermana mayor, ellos van a buscar el bolso que ya tenía listo a casa de mis abuelos -donde vivía en ese tiempo- y a mi pareja, mientras yo me doy la ducha más exquisita de toda mi vida, agua calentita en la espalda ¡qué relajo! ¡Me quedaría toda la vida así! Llego a las 7 de la mañana a la clínica sin carnet y mi hijo nace a las 10:30 de la mañana. 6 horas de trabajo de parto, con contracciones como las de un parto natural: entre placenteras y dolorosas, la verdad es que aún no sabría definirlas bien, incluso después de haber parido 2 veces. Pero es adictivo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario