Desde Temuko nos fuimos a vivir a Niebla (Valdivia) para estar tranquilos a los 7 meses de gestación, buscamos una cabañita acogedora. Justo hace un año, cuando comenzaba la Semana Mundial del Parto y Nacimiento Respetados, boté el tapón mucoso y, al otro día, en luna llena, comencé con ráfagas. Estuve 24 horas en trabajo de parto junto a mi compañero. Las primeras 17 horas fueron las mejores, podía manejar el dolor, sentía placer, me reía eufórica. Increíbles sensaciones. Luego, llegó la partera. Me hizo tacto: tenía 6 cms. Según ella, en 4 horas estaría listo, pero no lo estuve y comenzamos a impacientarnos... me despegó las membranas y abrió un poco mi cuello del útero (2 intervenciones innecesarias para acelerar el parto).
Mi compañero tocaba acordeón y gritábamos: ¡Relmu, bajaaaaa!
En un momento, me llené de temor y miedo. Sentí la muerte y quise ir al hospital... lo dije y a los minutos empecé a botar líquido y sangre, y me fui completamente. Comencé a pujar tirada en la cama, me cambiaron de posición a cuclillas. Y, mientras afuera había un temporal con relámpagos, mi hija Relmu nació. Venía con la mano en la cabeza y una vuelta de cordón en el cuello... Todo estaba bien, no había razón para tener miedo... La recibí en mi pecho y nunca más nos separamos.

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