domingo, 11 de mayo de 2014

Nuestro viaje de amor

Por Andrea Sánchez

Las expansiones se hacen cada vez más intensas, me tiro sobre la cama y me voy en un viaje profundo muy dentro de mí, de mi ser mujer. Cuando de pronto despierto, comienzo a pujar con todas mis fuerzas, y veo una luz blanca y destellos de colores, saliendo desde mi vagina y allí estás hermoso bebé, saliendo dentro de mí, te tomo en mis brazos y te llevo a mi pecho, miro a mi lado y allí está tu hermana Pascal, feliz de verte y al fin conocerte. Esa mañana desperté feliz, algo en mí, movía mi cuerpo, la maternidad, mi útero quería gestar nuevamente. Meses después ya era una realidad, Elena crecía con fuerza dentro de mí.
Desde qué se cumplieron nuestras 37 semanas de amor en útero, la ansiedad se apoderó de mí. Cada expansión era una posible señal y cerraba los ojos para hacerla mía y sentirla como nunca, comenzó a pasar el tiempo y las contracciones eran siempre iguales, irregulares algunas dolorosas otras no, necesitaba calmar la ansiedad que sentía por su pronta llegada. En esta ansiedad no había temor, ni miedo, sólo ansias de comenzar pronto nuestro viaje.
Siento que algo que aumentó mi ansiedad fue el stress de desconectarme lo más posible, dejar de trabajar, no conectarme, disfrutar lo máximo, siento que lograrlo fue un stress más y esto lo descubrí a días de parir, porque en cierta forma me liberé de ese stress y fluí.
Cada noche, acostaba a mis dos amores, y bajaba al lugar que sería nuestro nido, colocaba mi mat, mi pelota, un incienso y un par de velas. Me sentaba en la pelota a sentir, a conectarme con Elena, le cantaba canciones o se las tarareaba y una de esas noches, le escribí una carta:

Mi hermosa Elena:
Desde que supe que estabas en mí, comencé a soñar nuestro viaje.
Sé que no se podrá comparar y sé que será maravilloso, porque al fin nos presentaremos.
Estoy tratando de abrazar esta ansiedad y serla parte de nuestro amado viaje, me tranquiliza sentirte y sentir la gran energía que tienes. Me llena de vida.
Ya tenemos todo listo para tu llegada, cobertores para abrigar tu piel, telas para secar nuestro amor, ropita para cubrir tu delicado cuerpo y por sobretodo mucho amor y ansias de tocarte, escucharte, sentirte y adorarte para siempre.
Nuestra casa es pequeña, vivimos tu hermanita Pascal, tu padre, tu gato inti, tu perro Pluto y yo tu madre, que escuchas reír, llorar, hablar, cantar, jugar y a veces molestarse. Esos son algunos matices de la vida mi amor y aquí estamos para vivirlos todos juntos, abrazarnos y cobijarnos en un manto de puro amor.
Ven hija a mis brazos, a nuestros brazos. Te amamos, te amo mamá.
Mi amor mi niña.

Ya pasando las 39 semanas, a veces aparecía la sombra de mi propio parto inducido a las 40 semanas, mi anterior cesárea, que me hacían pensar muchas cosas que no deseaba vivir nuevamente. En mi búsqueda de bajar mi ansiedad, me conecté con algunas mujeres bellas, que sabía me podrían iluminar y calmar, ellas también fueron claves a través de su experiencia, sabiduría y amor. Dentro de esta búsqueda ya no de calmar mi ansiedad, sino que abrazarla y sentirla parte de este hermoso viaje, también comencé hacer mandalas tejidos, que decoraron nuestro nido, a la espera de nuestro viaje.
A la semana 40, tuvimos un control con nuestras matronas, Elena ya estaba lista, pero no se veía un trabajo de parto pronto, quedamos en reunirnos en una semana más y realizar una ecografía, para ver el estado de Elena y de todo lo que nos conectaba. Con mi compañero lo tomamos muy bien y decretamos que todo lo que pasara, sería por el bien de todos.
No elaboramos ningún plan de parto, solo lo conversamos, imaginábamos y decretábamos solo cosas hermosas, siempre con la premisa de que todo iba a estar bien.

Llegamos al domingo y decidimos salir a comprar unas camisas de dormir que no tenía y unos zapatos para Pascal. Ese día las contracciones se hacían notar mucho más, ya no eran solo la guatita dura, ahora todas eran acompañadas con un leve malestar y dolor en la zona baja de mi panza, solo sentía felicidad y en mi mente me preguntaba: ¿la lunita nueva traería a mi pequeña?
Llegamos a casa. Pasamos el día en familia solo los 3. Las contracciones seguían durante el día de la misma intensidad, pero muy irregulares. Ya a las 10 de la noche se hacían un poco más seguidas, así que decidí ir a descansar, a dormir, me coloqué una de las camisas de dormir, algo me decía que pronto estaríamos juntas.
Me daba vueltas en la cama, no podía dormir, pero si me sirvió para descansar, para recuperar fuerza y estar a solas con Elena, acaricié mi panza y le canté un par de canciones. Al rato llegó mi Pascal a mi lado, quería dormir, la puse en mi pecho y en unos minutos ya estaba dormida, miro la hora y eran las 11:30, y le escribo a una amiga: - Parece que comenzamos el viaje.
Me di vuelta y las contracciones se hacían más frecuentes y un poco más intensas. En una de esas contracciones ciento que algo se desprende de mí con fuerza y comienza unas ganas enormes de ir al baño, me levanto y boto el tapón mucoso, tanto que lo esperé, y ahora estaba allí, anunciando el inicio de nuestro viaje. Llamo a mi compañero y le cuento qué sucedía, con una sonrisa enorme, que no podía borrar de mi rostro, las contracciones seguían presentándose, más frecuentes e intensas. Llamamos a Sylvia, nuestra doula, para contarle en qué estábamos, al igual que a nuestras matronas. Ambas nos recomendaron tratar de descansar y dormir.
Con Pascal ya dormida, bajamos y preparamos los últimos detalles del nido, prendimos un incienso y velas en nuestro altar de parto. Mi compañero terminó de preparar el resto de las cosas, apagamos las luces y ya en esos últimos arreglos nuestras contracciones ya eran un poco más seguidas y dolorosas. Comencé a buscar posturas que me ayudaran a disminuir el dolor, me arrodillé abrazando un cojín del sillón, después me arrodillé en el suelo, respirando profundamente y vocalizando en cada respiración. En esa postura pude dormitar un poco. Sentía que el dolor se hacía cada vez mayor, y pedí saber la hora, era alrededor de las 2 y le pedí a mi compañero llamar a Sylvia para que viniera a casa, mientras esperábamos su llegada mi amor me colocaba semilleros en mi panza y cola además de pañales de tela calentitos. Me recosté sobre un costado en el colchón que ubicamos y en cada expansión, tomaba mi mano y yo con toda mis fuerzas me apoyaba en ella. Recuerdo muy bien justo antes de la llegada de Sylvia, 4 contracciones que se apoderaron de mí sin pausa. Mi compañero fue muy importante en esta etapa, con su amor ayudó a pasar las contracciones y con su mano poderosa entregarme fortaleza y sostén. En momentos que volvía de mi viaje, ansiaba la llegada de Sylvia, cuando llegó, realmente fue una bendición, pude conversar con ella y decirle cómo me sentía, seguí un poco más acostada y me sugirió arrodillarme para bajar un poco el dolor y en ese momento me hizo masajes con aceite que fueron lo mejor de la vida. Me ayudó mucho para seguir adelante, después de eso me paré y la abracé con fuerza, las contracciones eran cada vez más intensas y sentía que no podía más, les decía: ya no puedo más, quiero que sea mañana. Y ella con mi compañero en ese instante fueron mi pilar, sus palabras sus caricias eran mi mayor fuerza, Sylvia me ayudó a concentrarme en las contracciones a visualizarlas desde mi vientre, bajando y saliendo por mi vagina hasta mis piernas y recordar que Elena también estaba haciendo lo suyo dentro de mí, realmente no estaba sola, Elena estaba dentro de mí, con una valentía y poder enorme, haciendo su mejor esfuerzo para estar en mis brazos.
Sylvia me ofreció la tina y accedí, mientras seguíamos moviéndonos en cada una de mis contracciones, mi amor llega avisando que estaba todo listo y me negué a subir, mi cuerpo ya no quería moverse de ese lugar.
Llamaron a las matronas, y recuerdo que Pascal se despertó, no recuerdo en qué momento, solo recuerdo que estaba a mi lado, quería tomar teta y yo no podía mantenerme quieta, y me tomé de mi compañero porque las contracciones eran muy intensas, era imposible pasar una de mis contracciones sin tener un soporte de dónde agarrarme con todas mis fuerzas. Mi pequeña Pascal estuvo por unos instantes junto a mí y se fue nuevamente, después me contaron que estuvo mucho rato a mi lado sentada en un sillón mirando las velas del altar de parto.

Parada abrazada a Sylvia comencé a sentir unas leves ganas de pujar, comencé a hacerlo suavemente en cada contracción y en un instante la bolsa se rompió y empapamos todo alrededor. Fue delicioso sentirlo, en mi parto anterior no lo pude sentir, solo escuchar.
Rosita nuestra matrona, llegó alrededor de las 4 de la mañana, en ese instante mis piernas ya no podían sostenerme más, me tiré en el colchón apoyándome a un lado de la espalda. Rosita se acercó y besó mi frente, estaba realmente agotada, pero estaba allí presente, estaba lista para parir a mi pequeña, me realizó un tacto y dice: estamos súper bien, estamos listas. Yo levanté mi cabeza y pregunté tratando de confirmar lo que había escuchado y Rosita con Sylvia me lo confirmaron, pasó un momento y comencé a sentir muchas ganas de pujar, comencé a pujar a mi ritmo, yo y Elena éramos quienes manejábamos nuestro viaje. Me mantuve en esa postura por un momento y de pronto sentí ganas de arrodillarme, y así lo hice, abracé a mi amor y pujé con todas mis fuerzas. Estuve varios minutos así. Recuerdo que me ofrecieron la silla de parto y me negué, no quería moverme, hasta que volví a recostarme en el colchón. Rosita nos apoyó mucho en este último tramo de nuestro hermoso viaje, ya no quedaba nada, en mi mente repetía yo puedo, yo puedo, yo puedo parir. Las ganas de pujar venían danzando a mi cuerpo y lo hice con todas mis fuerzas y mi Elena bajó al canal de parto, y de pronto veo a Pascal, tapando sus oídos y apoyada en su papá, pido que se la lleven y Sylvia me dice que no me preocupara, que Pascal estaba bien y no se quería ir. Entonces, dejé fluir y finalmente estaría presente, como cuando soñé este parto antes de que estuviera Elena en mí.

Rosita me pide mi mano y me dice toca a la hija y pude tocar parte de su cabecita, ya no quedaba nada, mi pequeña ya estaba aquí, 4 pujos más y seguía tocando una pequeña parte de su cabecita. A la siguiente danza, pujo y pude tocar por escasos segundos el aro de fuego, porque las ganas de pujar venían nuevamente sin parar. Pujé con todas mis fuerzas y salió su cabeza completa, lo sé porque la sentí en mi mano, la que nunca saqué desde que la sentí por primera vez. Pujé nuevamente y siento y toco cómo salen sus pequeños hombros de mí y el resto de su hermoso cuerpo. Sentí un suave, terciopelo húmedo y lleno de amor saliendo dentro de mí, me sentí tan poderosa, tan mamífera, tan animal. Siento su llanto y muy rápido subo mi camisa y la colocan sobre mí, ya estabas aquí entre mis brazos, lo habíamos logrado bebé. Miro a mi lado y allí estaban mis otros dos amores, mirando a Elena con un amor infinito.

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