Desde
qué se cumplieron nuestras 37 semanas de amor en útero, la ansiedad se apoderó
de mí. Cada expansión era una posible señal y cerraba los ojos para hacerla mía
y sentirla como nunca, comenzó a pasar el tiempo y las contracciones eran
siempre iguales, irregulares algunas dolorosas otras no, necesitaba calmar la
ansiedad que sentía por su pronta llegada. En esta ansiedad no había temor, ni
miedo, sólo ansias de comenzar pronto nuestro viaje.
Siento
que algo que aumentó mi ansiedad fue el stress de desconectarme lo más posible,
dejar de trabajar, no conectarme, disfrutar lo máximo, siento que lograrlo fue
un stress más y esto lo descubrí a días de parir, porque en cierta forma me
liberé de ese stress y fluí.
Cada
noche, acostaba a mis dos amores, y bajaba al lugar que sería nuestro nido,
colocaba mi mat, mi pelota, un incienso y un par de velas. Me sentaba en la
pelota a sentir, a conectarme con Elena, le cantaba canciones o se las
tarareaba y una de esas noches, le escribí una carta:
Mi hermosa Elena:
Desde que supe que estabas en mí, comencé a soñar
nuestro viaje.
Sé que no se podrá comparar y sé que será
maravilloso, porque al fin nos presentaremos.
Estoy tratando de abrazar esta ansiedad y serla
parte de nuestro amado viaje, me tranquiliza sentirte y sentir la gran energía
que tienes. Me llena de vida.
Ya tenemos todo listo para tu llegada, cobertores
para abrigar tu piel, telas para secar nuestro amor, ropita para cubrir tu
delicado cuerpo y por sobretodo mucho amor y ansias de tocarte, escucharte, sentirte
y adorarte para siempre.
Nuestra casa es pequeña, vivimos tu hermanita
Pascal, tu padre, tu gato inti, tu perro Pluto y yo tu madre, que escuchas
reír, llorar, hablar, cantar, jugar y a veces molestarse. Esos son algunos
matices de la vida mi amor y aquí estamos para vivirlos todos juntos,
abrazarnos y cobijarnos en un manto de puro amor.
Ven hija a mis brazos, a nuestros brazos. Te amamos,
te amo mamá.
Mi amor mi niña.
Ya
pasando las 39 semanas, a veces aparecía la sombra de mi propio parto inducido
a las 40 semanas, mi anterior cesárea, que me hacían pensar muchas cosas que no
deseaba vivir nuevamente. En mi búsqueda de bajar mi ansiedad, me conecté con
algunas mujeres bellas, que sabía me podrían iluminar y calmar, ellas también
fueron claves a través de su experiencia, sabiduría y amor. Dentro de esta
búsqueda ya no de calmar mi ansiedad, sino que abrazarla y sentirla parte de
este hermoso viaje, también comencé hacer mandalas tejidos, que decoraron
nuestro nido, a la espera de nuestro viaje.
A
la semana 40, tuvimos un control con nuestras matronas, Elena ya estaba lista,
pero no se veía un trabajo de parto pronto, quedamos en reunirnos en una semana
más y realizar una ecografía, para ver el estado de Elena y de todo lo que nos
conectaba. Con mi compañero lo tomamos muy bien y decretamos que todo lo que
pasara, sería por el bien de todos.
No
elaboramos ningún plan de parto, solo lo conversamos, imaginábamos y
decretábamos solo cosas hermosas, siempre con la premisa de que todo iba a
estar bien.
Llegamos
al domingo y decidimos salir a comprar unas camisas de dormir que no tenía y
unos zapatos para Pascal. Ese día las contracciones se hacían notar mucho más,
ya no eran solo la guatita dura, ahora todas eran acompañadas con un leve
malestar y dolor en la zona baja de mi panza, solo sentía felicidad y en mi
mente me preguntaba: ¿la lunita nueva traería a mi pequeña?
Llegamos
a casa. Pasamos el día en familia solo los 3. Las contracciones seguían durante
el día de la misma intensidad, pero muy irregulares. Ya a las 10 de la noche se
hacían un poco más seguidas, así que decidí ir a descansar, a dormir, me
coloqué una de las camisas de dormir, algo me decía que pronto estaríamos
juntas.
Me
daba vueltas en la cama, no podía dormir, pero si me sirvió para descansar,
para recuperar fuerza y estar a solas con Elena, acaricié mi panza y le canté
un par de canciones. Al rato llegó mi Pascal a mi lado, quería dormir, la puse
en mi pecho y en unos minutos ya estaba dormida, miro la hora y eran las 11:30,
y le escribo a una amiga: - Parece que comenzamos el viaje.
Me
di vuelta y las contracciones se hacían más frecuentes y un poco más intensas.
En una de esas contracciones ciento que algo se desprende de mí con fuerza y
comienza unas ganas enormes de ir al baño, me levanto y boto el tapón mucoso,
tanto que lo esperé, y ahora estaba allí, anunciando el inicio de nuestro
viaje. Llamo a mi compañero y le cuento qué sucedía, con una sonrisa enorme,
que no podía borrar de mi rostro, las contracciones seguían presentándose, más
frecuentes e intensas. Llamamos a Sylvia, nuestra doula, para contarle en qué
estábamos, al igual que a nuestras matronas. Ambas nos recomendaron tratar de
descansar y dormir.
Con
Pascal ya dormida, bajamos y preparamos los últimos detalles del nido, prendimos
un incienso y velas en nuestro altar de parto. Mi compañero terminó de preparar
el resto de las cosas, apagamos las luces y ya en esos últimos arreglos
nuestras contracciones ya eran un poco más seguidas y dolorosas. Comencé a
buscar posturas que me ayudaran a disminuir el dolor, me arrodillé abrazando un
cojín del sillón, después me arrodillé en el suelo, respirando profundamente y
vocalizando en cada respiración. En esa postura pude dormitar un poco. Sentía
que el dolor se hacía cada vez mayor, y pedí saber la hora, era alrededor de
las 2 y le pedí a mi compañero llamar a Sylvia para que viniera a casa,
mientras esperábamos su llegada mi amor me colocaba semilleros en mi panza y
cola además de pañales de tela calentitos. Me recosté sobre un costado en el
colchón que ubicamos y en cada expansión, tomaba mi mano y yo con toda mis
fuerzas me apoyaba en ella. Recuerdo muy bien justo antes de la llegada de
Sylvia, 4 contracciones que se apoderaron de mí sin pausa. Mi compañero fue muy
importante en esta etapa, con su amor ayudó a pasar las contracciones y con su
mano poderosa entregarme fortaleza y sostén. En momentos que volvía de mi
viaje, ansiaba la llegada de Sylvia, cuando llegó, realmente fue una bendición,
pude conversar con ella y decirle cómo me sentía, seguí un poco más acostada y
me sugirió arrodillarme para bajar un poco el dolor y en ese momento me hizo
masajes con aceite que fueron lo mejor de la vida. Me ayudó mucho para seguir adelante,
después de eso me paré y la abracé con fuerza, las contracciones eran cada vez
más intensas y sentía que no podía más, les decía: ya no puedo más, quiero que
sea mañana. Y ella con mi compañero en ese instante fueron mi pilar, sus
palabras sus caricias eran mi mayor fuerza, Sylvia me ayudó a concentrarme en
las contracciones a visualizarlas desde mi vientre, bajando y saliendo por mi
vagina hasta mis piernas y recordar que Elena también estaba haciendo lo suyo
dentro de mí, realmente no estaba sola, Elena estaba dentro de mí, con una
valentía y poder enorme, haciendo su mejor esfuerzo para estar en mis brazos.
Sylvia
me ofreció la tina y accedí, mientras seguíamos moviéndonos en cada una de mis
contracciones, mi amor llega avisando que estaba todo listo y me negué a subir,
mi cuerpo ya no quería moverse de ese lugar.
Llamaron
a las matronas, y recuerdo que Pascal se despertó, no recuerdo en qué momento,
solo recuerdo que estaba a mi lado, quería tomar teta y yo no podía mantenerme
quieta, y me tomé de mi compañero porque las contracciones eran muy intensas,
era imposible pasar una de mis contracciones sin tener un soporte de dónde
agarrarme con todas mis fuerzas. Mi pequeña Pascal estuvo por unos instantes
junto a mí y se fue nuevamente, después me contaron que estuvo mucho rato a mi
lado sentada en un sillón mirando las velas del altar de parto.
Parada
abrazada a Sylvia comencé a sentir unas leves ganas de pujar, comencé a hacerlo
suavemente en cada contracción y en un instante la bolsa se rompió y empapamos
todo alrededor. Fue delicioso sentirlo, en mi parto anterior no lo pude sentir,
solo escuchar.
Rosita
nuestra matrona, llegó alrededor de las 4 de la mañana, en ese instante mis
piernas ya no podían sostenerme más, me tiré en el colchón apoyándome a un lado
de la espalda. Rosita se acercó y besó mi frente, estaba realmente agotada,
pero estaba allí presente, estaba lista para parir a mi pequeña, me realizó un
tacto y dice: estamos súper bien, estamos listas. Yo levanté mi cabeza y
pregunté tratando de confirmar lo que había escuchado y Rosita con Sylvia me lo
confirmaron, pasó un momento y comencé a sentir muchas ganas de pujar, comencé
a pujar a mi ritmo, yo y Elena éramos quienes manejábamos nuestro viaje. Me
mantuve en esa postura por un momento y de pronto sentí ganas de arrodillarme,
y así lo hice, abracé a mi amor y pujé con todas mis fuerzas. Estuve varios
minutos así. Recuerdo que me ofrecieron la silla de parto y me negué, no quería
moverme, hasta que volví a recostarme en el colchón. Rosita nos apoyó mucho en
este último tramo de nuestro hermoso viaje, ya no quedaba nada, en mi mente
repetía yo puedo, yo puedo, yo puedo parir. Las ganas de pujar venían danzando
a mi cuerpo y lo hice con todas mis fuerzas y mi Elena bajó al canal de parto,
y de pronto veo a Pascal, tapando sus oídos y apoyada en su papá, pido que se
la lleven y Sylvia me dice que no me preocupara, que Pascal estaba bien y no se
quería ir. Entonces, dejé fluir y finalmente estaría presente, como cuando soñé
este parto antes de que estuviera Elena en mí.
Rosita me pide mi mano
y me dice toca a la hija y pude tocar parte de su cabecita, ya no quedaba nada,
mi pequeña ya estaba aquí, 4 pujos más y seguía tocando una pequeña parte de su
cabecita. A la siguiente danza, pujo y pude tocar por escasos segundos el aro
de fuego, porque las ganas de pujar venían nuevamente sin parar. Pujé con todas
mis fuerzas y salió su cabeza completa, lo sé porque la sentí en mi mano, la
que nunca saqué desde que la sentí por primera vez. Pujé nuevamente y siento y
toco cómo salen sus pequeños hombros de mí y el resto de su hermoso cuerpo. Sentí
un suave, terciopelo húmedo y lleno de amor saliendo dentro de mí, me sentí tan
poderosa, tan mamífera, tan animal. Siento su llanto y muy rápido subo mi
camisa y la colocan sobre mí, ya estabas aquí entre mis brazos, lo habíamos
logrado bebé. Miro a mi lado y allí estaban mis otros dos amores, mirando a
Elena con un amor infinito.

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